Por viaje, aviso

Pincha los labios y verás dónde viví:
W 112th St. con Broadway; al frente de Tom's Restaurant.

Pincha los labios y verás dónde viví:
W 112th St. con Broadway; al frente de Tom's Restaurant.
Por Gabriela García / La Nación
“A Yin Yin lo obligaron a suicidarse”
“Petrópolis o la invención del suicidio” se llama el montaje que habla sobre la estrecha y dolorosa relación que existió entre la poetisa y su sobrino Juan Miguel Godoy, quien falleció misteriosamente en agosto de 1943 en Brasil. Aquí Nelda Muray habla desde los zapatos de la poetisa.
-¿Cómo ha sido ponerse en los zapatos de Mistral?
-Una responsabilidad tremenda porque ella es una mujer muy profunda. Y yo he tratado de ser lo más matea posible para interpretar a esa poeta que vive las dos guerras, que fue violada cuando chica, que fue tratada de ladrona en el colegio, etc. Es un placer al final, porque la verdad es que aquí sólo han habido nociones vagas de la Premio Nóbel.
-La obra se llama "Petrópolis o la invención del suicidio". ¿Qué antecedentes nuevos les hacen pensar a ustedes como compañía que la muerte de su sobrino no fue voluntaria?
-No es que tengamos datos muy nuevos, porque el montaje está basado en el libro del mismo nombre de Juan Claudio Burgos, publicado en el 97. Lo que sí sentimos es que hay mucho material al cual no se le ha tomado el peso. Nosotros nos centramos en el epistolario de Gabriela, que dista mucho de la historia oficial. Allí, ella misma hace señas de que a Yin Yin lo obligaron a suicidarse. En la reproducción de una carta que la poeta escribe a sus amigas, ella les cuenta que su sobrino era muy discriminado en el colegio agrícola en el que estudiaba, que recibía hostigamientos de parte de una banda de negros que lo llamaban peyorativamente "el francesito" por sus ojos y tez clara, por lo que en la obra nosotros instalamos la pregunta: ¿por qué no pensar que lo indujeron a tomar arsénico?
-¿Cómo defines la relación entre Mistral y Yin Yin?
-Al parecer, Yin Yin era un chico que tenía un relación muy cercana con la poeta. Sin embargo, es un joven que no tiene raíz y que está muy solo y su personalidad se vuelve muy hostil. Mistral lo adopta, se siente su madre y a pesar de sus ocupaciones lo mima y lo idolatra. Cuando él muere ella se encierra un mes en su casa y se vuelve esteroclerótica. Nunca supera esa pérdida.
-¿Qué diría la poeta si tuviese la posibilidad de opinar sobre la expectación que ha producido la herencia de Doris Dana?
-Yo creo que intuyó todo lo que está pasando. Pero se reiría irónicamente de la absurda discusión en torno a si se abre el baúl acá o allá y qué contiene. Estaría más preocupada de que se descalificase luego para que las platas llegasen a las escuelitas de Montegrande. A sus niños.
En: La Nación
Con un mimeógrafo un poco más moderno hicimos los primeros panfletos contra la dictadura.
En mi casa se limpiaba con Klenzo, sobre todo el W.C. Yo quería ser como la chica Klenzo.
Nunca aprendí a usar la regla de cálculo. Tampoco las calculadoras. Promedio final de Matemáticas al terminar el colegio: 3,9.
El último long play que tuve fue de Sting.
Odiaba la cocoa Raff, sólo porque era "peptonizada".
El matamoscas se colgaba detrás de la puerta de la cocina, con el cadáver aplastado en la malla: un verdadero asco.
En la máquina de moler carne también molíamos el choclo para las humitas. La leche del choclo salpicaba mi cara.
Enceradora o "chancho" eléctrico que mi madre usaba los domingos a las 8 am.
A mi máquina de escribir se le quedaba pegada la letra "a".
Recuerdo a mi abuela pedaleando la Singer, la aguja que entraba y salía. En los cajones guardaba hilos, tijeritas de costura, dedales, ganchos y huinchas de medir. Ella cosió mis primeros paños "regleros" de algodón blanquísimo, reforzados al medio del rectángulo. Sólo yo podía lavarlos, a mano, en la artesa, con jabón Popeye y agua cuba. Muchos, pero muchos años después, cuando aparecieron las toallas higiénicas "con alas", mi vida cambió.
Yin Yin niño
Constanza Ramírez, Diego Ruiz y Natalia Bronfman.
Nelda Muray (de pie), y Carolina Araya.
Carolina Araya.
De izq. a der.: Moisés Norambuena, Juan Pablo Rahal, Ítalo Gallardo y Gabriel Cañas.
Natalia Bronfman, Diego Ruiz y Constanza Ramírez.
Fotos de Sumiko Muray
Por Rodrigo Miranda - La Tercera 17/08/07
El elenco de la compañía Teatro del Ciudadano está compuesto por Nelda Muray (Mistral) y Diego Ruiz (Yin Yin), junto a Carolina Araya, Constanza Ramírez, Natalia Bronfman, Ítalo Gallardo, Juan Pablo Rahal, Gabriel Cañas, Moisés Norambuena y Matías Briceño.
La poeta del Elqui dejaría huellas en Petrópolis. En la ciudad, ubicada a 75 kilómetros de Río de Janeiro y fundada en 1843 por el emperador Pedro II, la biblioteca municipal lleva su nombre y en el cementerio de la localidad descansaron hasta septiembre del 2005 los restos de Juan Miguel Godoy, el verdadero nombre de Yin Yin, hoy emplazados en Montegrande, junto a la tumba de Mistral.
Petrópolis, o la invención del suicidio
Dramaturgo: Juan Claudio Burgos
Director: Ezequiel Tapia
Elenco: Nelda Muray
Diego Ruiz
Carolina Araya
Constanza Ramírez
Ítalo Gallardo
Juan Pablo Rahal
Gabriel Cañas
Moisés Norambuena
Matías Briceño.
Estreno: 3 de septiembre
Teatro Nacional Chileno
¡Mierda, mierda, muchach@s!
Martín Faunes cantando con los estudiantes de la Escuela Holanda.
Los escritores de Letras de Chile fueron recibidos con gran calidez en el marco de la XII Feria Internacional del Libro de La Paz. Nuestra corporación agradece profundamente a todos quienes hicieron posible este encuentro, en especial a Roberto Ibarra, Cónsul General de Chile en Bolivia, y a Alejandro Manríquez, Agregado Cultural del consulado de Chile en Bolivia. También a los senadores Santos Ramírez y Gastón Cornejo, a los escritores Eusebio Gironda y Ricardo Cardona, entre otros (as).
Personalmente, nunca había recibido un trato tan cariñoso, lejano a las envidias y desconfianzas de quienes creen que el asiento del escritor (a) es un trono. Quienes me conocen saben que no lanzo palabras al viento. Como mis colegas, trabajo para construir un mundo mejor: dignificando al escritor (a), organizando encuentros, congresos, lecturas públicas, y un sin fin de actividades, ligadas a la cultura y a la literatura. El año pasado estuve en el Foro por el fomento del libro y la lectura en Resistencia, organizado por Mempo Giardinelli; hace unos días tuve el privilegio de ser invitada a la Feria del libro de La Paz. Yo quisiera ahora ir a todos los pueblos de nuestra América, creando y fortaleciendo los necesarios lazos, aunando mi palabra con la gran y diversa literatura latinoamericana, con todas aquellas voces que aún no escucho.
Diego Muñoz V., presidente de Letras de Chile, conversa con Roberto Ibarra, Cónsul General del Chile en Bolivia.
Almuerzo ofrecido por Roberto Ibarra, a Letras de Chile. En la foto se aprecia (de izq. a der.) a Alejandro Manríquez, Agregado cultural de Chile en Bolivia, Antonio Ostornol, Roberto Rivera, Max Valdés, Fernando Jerez, Cristian Cottet, Gabriela Aguilera y José Osorio.

Recomiendo el sitio Máquina de coser palabras, de Juan Yanes, dedicado a la literatura, con una excelente antología de microcuentos.
Por Isidoro Blaisten
Por mirar el otoño
perdía el tren del verano.
Usaba el corazón en la corbata.
Se subía a una nube,
cuando todos bajaban.
Su madre le decía:
No mires las estrellas para abajo,
no mires la lluvia desde arriba.
No camines las calles con la cara,
no ensucies la camisa;
no lleves tu corazón bajo la lluvia, que se moja.
No des la espalda al llanto,
no vayas vestido de ventana,
no compres ningún tílburi en desuso.
Mirá tu primo el recto
que duerme por las noches.
Mirá tu primo el justo
que almuerza y se sonríe.
Mirá tu primo el probo
puso un banco en el cielo.
Tu cuñado el astuto
que ahora alquila la lluvia.
Tu otro primo el sagaz
que es gerente en la luna.
- Tienes razón, mamá- dijo el boludo
y se bebió una rosa.
- No seré más boludo-
y se bajó del viento.
- Seré astuto y zahorí-
y dio vuelta una estrella para abajo
y se metió en el subte
y quedaron las gaviotas.
Entonces vinieron los parientes ricos
y le dijeron:
- Eres pobre, pero ningún boludo.
Y el boludo fue ningún boludo
y quemaba en las plazas
las hojas que molestan en otoño.
Y llegó fin de mes.
Cobró su primer sueldo
y se compró cinco minutos de boludo.
Entonces vinieron las fuerzas vivas
y le dijeron:
- Has vuelto a ser boludo, boludo.
- Seguirás siendo el mismo boludo de siempre.
- Debes dejar de ser boludo, boludo.
Y medio boludo,
con esos cinco minutos de boludo,
dudaba entre ser ningún boludo
o seguir siendo boludo para siempre.
Dudaba como un boludo.
Y subió las escaleras para abajo,
hizo un hoyo en la tierra
miraba las estrellas.
La gente le pisaba la cabeza,
le gritaba boludo.
Y él seguía mirando
a través de los zapatos
como un boludo.
Entonces vino un alegre y le dijo:
- Boludo alegre.
Vino un pobre y le dijo:
- Pobre boludo.
Vino un triste y le dijo:
- Triste boludo.
Vino un pastor protestante y le dijo:
- Reverendo boludo.
Vino un cura católico y le dijo:
- Sacrosanto boludo.
Vino un rabino judío y le dijo:
- Judío boludo.
Vino su madre y le dijo:
- Hijo, no seas boludo.
Vino una mujer de ojos azules y le dijo:
- Te quiero.
Diálogo de tigres: la microficción de Lilian Elphick
© Blogger template Webnolia by Ourblogtemplates.com 2009
Back to TOP