Primavera en San Sebastián
Eucaliptus y humo.
Atardecer en San Sebastián.
Damasco en flor.
Eucaliptus en flor.
Fotos de L. (15/09/07).
Eucaliptus y humo.
Atardecer en San Sebastián.
Damasco en flor.
Eucaliptus en flor.
Fotos de L. (15/09/07).
Cuando el señor K. oyó que sus antiguos discípulos lo elogiaban dijo:
-Cuando los discípulos han olvidado los errores de su maestro, éste los sigue recordando.
Espera
El señor K. esperó algo un día, luego una semana, luego un mes. Al fin, dijo:
-Podría haber esperado perfectamente un mes, pero no ese día ni esa semana.
El reencuentro
Un hombre de quien el señor K. nada había sabido durante mucho tiempo, lo saludó con estas palabras: “Usted no ha cambiado nada”. “¡Oh!”, exclamó el señor K., y empalideció.
Una buena respuesta
A un proletario que había sido llevado ante los tribunales se le preguntó si prefería jurar por Dios o si escogía la fórmula profana para su juramento. “No tengo trabajo”, respondió el hombre.
-Esa respuesta no fue una mera distracción –comentó el señor K.-. Con esas palabras quiso significar que su situación era tal que esas preguntas, más aun, quizá todo el proceso judicial, carecía totalmente de sentido.
Cuando el señor K. amaba a una persona…
-¿Qué hace usted cuando ama a una persona? –preguntaron un día al señor K.
-Hago un bosquejo de ese ser –respondió el señor K. -y procuro que se parezca a él.
-¿El bosquejo?
-No, el ser.
¿Hay Dios?
Alguien preguntó al señor K. si había un Dios. El señor K. respondió:
-Te aconsejo que medites si tu comportamiento variaría según la respuesta que se de a tu pregunta. Si tu conducta no varía, dejemos el asunto. Si tu conducta varía, te puedo prestar un servicio diciéndote que tú mismo lo has decidido: necesitas un Dios.
***
Bertold Brecht, Cuentos de almanaque, Fabril Editora, Bs.As., 1960; Kalendergeschichten, Rowohlt, Hamburg, 1953.
En: El microrrelato. Teoría e historia. David Lagmanovich, Menos cuarto Ediciones, España.
Soñaba la misma historia, que en noches sucesivas se repetía de manera idéntica. Estábamos en una especie de celda enorme, encerrados. Cantábamos para quitarnos el miedo y entonces entraban unos soldados y nos daban culatazos con sus fusiles y nos mandaban callar. Se paraban delante de mí y me preguntaban a gritos, señalando a uno que siempre estaba callado y me decían, ‘¿cómo se llama ése?, ¡dinos su nombre!, ¿por qué no canta?, ¿por qué no toca la guitarra?’ Y yo no sabía qué decir, ni sabía por qué estaba allí. Siempre estaba allí, allí quieto, callado. Hasta que un día dijeron su nombre. Era moreno, aindiado, con la nariz prominente. Tenía el pelo negro y ensortijado y no enseñaba nunca las manos.Entonces iban y le gritaban y le daban culatazos con los fusiles pero él no decía nada. Hasta que un día ya no pude más y les grité yo también, ‘¡No le peguen más!’, dije, ‘¿No ven que no tiene manos? ¡Está muerto y se llama Víctor, Victor Jara!’
En ese momento, me despertaba sobresaltado con una amargura infinita.
***
Nos juntaremos en la tumba de Víctor Jara en el Cementerio General.
Nunca más represión junto a la tumba de Víctor.
Sabado 15 de Septiembre 11:00 AM
Somos Cultura en Movimiento
Juan Bautista: No quiero más nombres, no me rebautices que estoy lejos de ser un enfant terrible, porque no soy enfant ni terrible; infernal sí, a veces. No soy icononauta, pero me gusta navegar de placer en placer. La escritura es uno de ellos. Y también un dolor enorme. Tú que escribes sabrás cómo ese dolor se aposenta en tus manos, y es el alacrán que siempre quisimos tener en un jarro de vidrio para abrirle la tapa a medianoche.Debes conocer el cuento del alacrán y el sapo. El alacrán le pide al sapo que lo cruce a la otra orilla del río, lago, laguna, lo que sea. El sapo, nervioso, contesta que tiene miedo, que él lo morderá. No, replica el alacrán, te prometo que no lo haré. Entonces, confiado, el sapo cruza el río. En la parte más profunda, el alacrán clava su punzón venenoso en la espalda del sapo. Antes que los dos se hundan, el alacrán dice: Está en mi naturaleza.
Está en mi naturaleza escribir y aguijonearme a mí misma. Vaya a saber por qué elegí ser escritora cuando podría haber sido cantante de jazz. Pero escribo y no puedo arrancar del destino que yo misma me impuse: pulsión, obsesión, descentramiento. Porque no quiero estar al centro, siempre querría estar colgando del abismo, o en el hueco existencial que Cortázar llamó el intersticio, la zona “entre”. Un atopos. Y a veces voy de compras al mercado y los pimentones rojos, naranjos y amarillos me encantan y compro muchos para hacer una peperonatta, con ajo y aceite de oliva. Porque no se trata de ser LA ESCRITORA, sino la escribiente, la que juega, la que muere el día menos pensado. Y el mundo sigue girando en su rueda oxidada.
No, Juan, no creo en lo políticamente correcto, te lo dice alguien que es incorrecta, que a los trece años expulsaron del colegio, y a los veinte, de la universidad. Y ahora, me expulso de mi propia vida: escribiendo. La narradora de Ojo Travieso no soy yo, es un personaje que inventé. No hay que confundir autora con narradora. Y quien escribe estas líneas es la narradora y la autora, que por un momento se han unido para hacer más fáciles las cosas.
Y yendo a los halagos déjame decirte que Máquina de coser palabras es una bitácora fuerte, no se la lleva el viento. Cada texto que hay ahí me hace ir más profundo a la extrañeza, a la sorpresa, a la emoción. La verdadera realidad, que es libre, con un ojo diseccionado.
“El saber -como expresó Foucault- no ha sido hecho para comprender, ha sido hecho para hacer tajos.”
Me imagino yo a Lilian Elphick como una mezcla imponderable de ‘enfant terrible’ y del castizo, ‘repelente niño Vicente’. O sea, alguien muy inteligente e iconoclasta. O sea, un dulcísimo incordio. Todo esto lo digo con muchísimo cariño y casi con miedo porque nadie nos ha presentado todavía.
Ella ha tenido la elegancia de recomendar este blog mío, en el suyo. Le estoy muy agradecido por ese gesto y quiero yo, ahora, interceder ante ustedes por su blog, que se llama, ¡Ojo Travieso! ‘Ojo travieso’, es más que un blog de literatura, es un blog de cultura viva, no momificada.
‘Ojo travieso’, está lleno de travesuras, claro, pero también de caricias y zarpazos. Es un blog que hace guiños en multitud de direcciones, y desborda sentimientos profundos, y trozos de pensamientos ‘heavy’ y trozos de ‘pensiero debole’. ‘Ojo travieso’, está lleno de provocaciones y maldades, con una escritura exigente y un exquisito sentido del humor. Un blog en el límite de lo políticamente correcto. Una delicia de blog. ‘Ojo travieso’ es una máquina para la reflexión, la crítica y el juego. Dejen de vivir, léanlo.
En lo de pensar, más vale maña que fuerza, pensó.
Caminos que se bifurcan
Los cruces de caminos son disyuntivas del pensamiento.
Copernicana
Me cuesta pensar que el mundo está suspendido en el espacio y que gira.
Magnetófono
El decurso de nuestros pensamientos no queda registrado en ningún sitio.
El lexicógrafo
La navaja de Ockham atravesó el cuello del lexicógrafo para que terminara con la proliferación de palabras y se atuviera, de una vez, a los hechos.
Opíparo
Asistí a un banquete opíparo. Pero inmediatamente me di cuenta de que la palabra opíparo no la utilizaba ya nadie. Empecé a sentirme mal.
Demóstenes
De tanto meterse la piedrita debajo de la lengua para articular con corrección, el día que se le perdió no pudo pronunciar una sola palabra.
Probabilidad
Resulta insufrible pensar que, según las leyes de la probabilidad, es posible que una gran cantidad de cretinos, de todos los que existen en el mundo, estén trabajando en el mismo lugar donde tú trabajas.
Escala nominal del pensar
No pensar. Pensar poco. Pensar lo imprescindible para vivir. Pensar algo. Pensar es un riesgo innecesario. Pensar algo más de lo necesario. Arriesgarse a pensar. Pensar siempre. Pensarlo todo. Vivir para pensar. No pensar en otra cosa.
Escala nominal del hacer
No hacer nada. Hacer poco. Hacer lo imprescindible. Hacer algo. Arriesgarse a hacer algunas cosas. Hacer algo decididamente. Hacer lo que hay que hacer. Hacer más de lo necesario. Arriesgarse a hacer cosas permanentemente. Estar siempre haciendo cosas. Hacerlo todo. Vivir para hacer cosas. No tener otra motivación en la vida que la acción.
Cuerpos híbridos
Él y ella eran de especies distintas, ella neardental y él cro-magnon. Pensaron, en buena lógica, que si procreaban tendrían híbridos humanos. Así que también, en buena lógica, pensaron dedicarse a hacer simplemente el amor, sin mayores complicaciones.
Heráclito vs. Parménides
El cuerpo era partidario de la doctrina de Heráclito: todo fluye, todo está en movimiento, todo tiene un principio y un fin. Pero él, en su fuero interno, se inclinaba por el populismo de Parménides, que prometía, contra toda evidencia, que todo permanece igual, intacto, idéntico, inmóvil.
El cuerpo
Entonces fundaron una asociación sin ánimo de lucro para defender el cuerpo, el deseo, la felicidad y el placer, y nombraron presidente a Benito Spinoza, tesorero a Federico Nietzche y vocal 1º a Gilles Deleuze. Pero aquella asociación era una gota insignificante en el océano de desprecio hacia lo que llamaban 'los bajos intintos', océano dominado, desde hacía veinticinco siglos, por Platón y todos sus amigos.
Los perros de Ivan Pavlov
Sin que se dieran cuenta, saqué del animalario del Instituto de Medicina Experimental de San Petersburgo, a uno de los perros de Pavlov. Me daba mucha pena verlos allí entubados. ¡El viejo caprichoso! siempre dando la lata con sus experimentos. Le he restañado todas las heridas y poco a poco va mejorando, pero he tenido que insonorizar la casa. Desde que oye un timbre o una campana, se vuelve loco.
Encadenamiento
Al caer las columnas de Hércules en el momento en que Sansón removía los cimientos de la tierra que sepultaron a sus enemigos los filisteos y a él mismo, se rompió el débil hilo que sostenía la espada de Damocles. Se produjo entonces un encadenamiento vertiginoso de acontecimientos. La espada partió el Nudo Gordiano. Abrió, a continuación, de Caja de Pandora y cayó, finalmente, en las manos de Judit, en el preciso instante en que descargaba los dos golpes brutales que seccionaron la cabeza del general Holofernes. ¡Para que después digan que no hay casualidades!
Odiando a Barney. Greenwich Village.
Pared rayada. Greenwich Village.
Maniquíes. Greenwich Village.
L. y Llanero, carnívoros; en Frankie and Johnny's. Un gran encuentro. No nos veíamos desde agosto del año 1978.
Calle 51 con Avenida de las Américas.
Calle 9 Este con Broadway.
El viejo Empire State Building.
Uno de los edificios flat iron.
Ojo Travieso en una plaza cuyo nombre olvidé.
Calle 26 oeste con Broadway. La esquina de "Refugio Nocturno" de Brecht.
Diálogo de tigres: la microficción de Lilian Elphick
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