Un cuento triste de navidad
Todo sucedía en el mes del año que en otras regiones de la Tierra coincidía con la Navidad. Érase una vez un niño famélico y tan esquelético que pudiera quebrarse si se decidía a andar. Vivía un una región pobre del interior de un continente donde escaseaba el agua y los productos de primera necesidad. Allí no tenían medicinas, boticario, ni médico, sólo un brujo que miraba el cielo como ritual. Su madre, viuda y de expresión triste, adivinaba el negro futuro de su hijo, mas procuraba que su rostro no reflejara el íntimo dolor. La tribu, la etnia a la que pertenecía, se hallaba tan agobiada por querellas, males, desdichas y enfermedades que ya se había acostumbrado a la resignación. Las tierras de labranza eran escasas y el sol las calcinaba en la estación de estío. Había aperos, muy pocos; pero los frutos de la tierra eran escasos.
Una mañana soleada la madre se acercó al hijo, que estaba sentado sobre un centón en la puerta de la choza, junto a una roca, y le dijo:
-Mañana, hijo mío, te enseñaré otra letra de nuestro abecedario. No las sé todas, pero algunas aprenderás.
Y el niño estaba contento porque ya había aprendido cinco letras del abecedario. Su madre, antes de dormirse le contaba antiguas leyendas, mientras observaba cómo los ojos de su hijo despedían un raro fulgor en la oscuridad.
¡Ah! Pero allí, siempre solo y sentado sobre el centón, el niño soñaba despierto, raras visiones nacían de su pálido interior. Veía cómo los demás niños jugaban más allá, pero ellos eran más fuertes y podían corretear.
-Madre: ya que con los otros niños no puedo jugar ..., debo meditar.
Me alegro de que estés contento, hijo mío. Hazlo, así aprovecharás el tiempo.
Mientras las demás niños jugaban, Zaro (pues ese era su nombre) dejaba expansionar su mente, soñaba y soñaba; volaba y volaba. Seguía con la vista el vuelo de las aves y de los insectos. ¡Y deseó volar!
Un día llegó hasta él un ser invisible, un genio del aire llamado Ariel. Y Zaro trabó íntima amistad con él. Y tanto lo vieron conversar con su invisible amigo los miembros de la tribu (eso había asegurado Zaro que sucedía cuando hablaba a solas, aunque para los demás, hablaba consigo mismo) que creyeron que era presa de la alucinación.
Otro día, después de las labores, se arrellanó la madre a su vera:
-Zaro -le expresó su madre- nadie de esta tribu ha visto el mar y me temo que tú tampoco lo puedas ver jamás. Pero te diré que cuando las ventanas se abren de par en par, no es más rico quien más cosas posee, sino aquel que por sus adentros puede viajar.
Y el niño famélico pensó muchas horas en el sentido de esas palabras, después de aprender varios signos más del alfabeto que allí se utilizaba.
Pasados varios días, ya había aprendido quince letras del abecedario y había conversado con Ariel sobre muchos temas. Un día le manifestó solemnemente el genio del aire: "Mañana te traeré el mar".
-¿El mar, aquí?
-Y lo verás tan bien que creerás que fuiste a cientos de leguas para contemplar su llanura, el horizonte y su poderoso oleaje. De su ribera, ... espera y lo verás.
Y todo eso sucedió al día siguiente.
Zaro quedó maravillado: tal era su fascinación que, su rostro risueño, llenaba de contento a quienes le miraban.
Días después, le dijo su madre:
-Zaro: hoy no tenemos nada para comer. Pero he arrancado raíces del sotobosque de aquella arboleda. Dios quiera que muramos en paz.
-Yo sí, madre: ya puedo morir en paz.
-¿Por qué dices eso, hijo mío?
-Madre: hace unos días vi el mar.
(Cuento extraído del libro de relatos "He aquí un pazguato")
En: La sala mística
Foto: Kevin Carter.
La esterfurosa convulcante de las mátricas
Algunos de mis cuentos preferidos en el mismo sitio:
Tres de Pedro
Por Pedro Guillermo Jara*
Por extrañas circunstancias al hombre se le habían quemado los pies. Eran dos tizones como leños oscuros. Al caminar por las calles sus pasos se escuchaban así: ¡Tic-toc!... ¡Tic-toc! Los niños, curiosos, seguían al hombre de los pies quemados, no por compasión, ni burla, ni nada de eso. Lo seguían porque al caminar desde los pies se desprendían pequeños trozos de carbón que los niños se disputaban a gritos. Con estos trozos los niños dibujaban nubes, corderos, soles, lunas y lluvia, en las paredes de la población. En algunas oportunidades los adultos también seguían al hombre de los pies quemados, recogían los trozos de carbón y escribían consignas en las paredes, llamando a la libertad, a la igualdad y a la fraternidad, ideas que se habían perdido en el tiempo.
Brújula
Por enésima vez tomo la brújula, me señala el Norte y no me puedo convencer que mi aldea se ubique justamente en el Sur, invariablemente en el Sur.
Aquel viejo sueño que espera
Todos creen que el compañero Juan de la población se ha apaciguado porque guarda en su casa como preciado tesoro la raída parka verde, el pasamontañas, los neumáticos, los miguelitos, las cadenas, la honda, las consignas escritas en un viejo cuaderno de composición y esas queridas piedras en frascos con agua, ordenadas en la ventana que da a la calle en donde ahora florecen rosas, crisantemos y alelíes cada primavera.
***
Vava la a
A a prapásita da langaja mantarasa, a má sampra ma ha gastada ascrabar tada can a, parqa la a as la pramara latra a parqa as arátaca, sansal a paqaña, an pazancata an an manda falacántraca. Dacar “a” as gratar a las catra vantas qa aras labra da palva a paja, qa na tanas na das na lay, qa ta has labarada da las cadanas dal langaja, parqa astadas daban sabar qa la “a” sagnafaca ravalacán. Sá, campañaras, ana sacadad can “a” as pasabla. Hay qa alvadar a las atras vacalas: par carradas, abstasas, ambadas. Ana “a” crazada na sarva. Para a lampa, ana sala gata da llava rasbalanda par ta mana, asá daba sar la “a”; anclasa san camallas.Ana baca abarta qa daca a as ana baca falaz. Basta da aprasanes, qa para asa tanamas al cala da las gallanas.
¡¡Vava la a; larga vada a la a!!
Más langaja mantarasa
El canario se ha tentado también con lo que él llama logomaquia o el lenguaje trampantojo, y ha elaborado una larga lista de embrollos lingüísticos. He aquí tres:*Izquierda estatalizadora / Ala socialdemócrata de la socialdemocracia.
*Extrema izquierda / Socialistas de café.
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Concurso de relatos
Vía Magda me llega esta noticia:
http://www.elrelatomasvotado.com/index.html
Eufemismos o el lenguaje de la mentira
La palabra eufemismo proviene de la palabra griega euphemo, que significa "favorable/bueno/habla afortunada", y que se deriva a su vez de las raíces griegas eu (ευ), "bueno/bien" + pheme (φήμη) "habla/hablar". Eupheme era originalmente una palabra o frase usada en el lugar de una palabra o frase religiosa que no debía pronunciarse en voz alta; etimológicamente, eupheme es el opuesto de blasfemia (habla-endemoniada).***
Secuestros = apresamientos.
Neutralizar = matar.
Apremio ilegítimo = tortura.
Incidente confuso o exceso = asesinato.
Organismo de seguridad = DINA, CNI, etc.
Bomba inteligente = elimina blancos humanos exactos.
Daño colateral = civiles muertos = víctimas inocentes.
Pronunciamiento militar =dictadura.
Técnica de interrogación reforzada = tortura.
Conflicto = guerra.
Crisis = guerra.
Salario mínimo = una porquería que no alcanza para vivir.
Democracia participativa = pueblo.
Solución habitacional = vivienda de 30 mts2.
Limpieza étnica = matanza racial.
Desaconsejar =prohibir.
Huelga =anormalidad laboral.
Ataque preventivo =invasión.
Regulación del empleo = Todos a la calle…
Funcionaria del amor = puta.
Mujer de vida alegre = puta.
Uno = Orina.
Dos = Caca.
Obrar = Cagar.
Disolución hidroalcohólica comercial = vino.
Solución del atraso menstrual = Aborto.
Económicamente débil = pobre.
Acción preventiva = Allanamientos a domicilios, prisión, interrogatorios amenazantes, agresión militar.
Ciudadanos extracomunitarios = limosneros.
Recuperador urbano = cartonero.
Persona metabólicamente diferente = muerto.
Sobresueldo = coima.
Segmento de ocio = recreo (en los colegios).
Foto: Kurt Kranz (1930-1931).
Juan Gelman: Premio Cervantes 2007
Por Armando G. Tejeda, Fabiola Palapa y Ángel Vargas (Corresponsal y reporteros)
Juan Gelman reconoce que los demás finalistas del máximo galardón de las letras hispánicas son escritores notables, como el Nobel colombiano Gabriel García Márquez, el mexicano José Emilio Pacheco, la peruana Blanca Varela y el uruguayo Mario Benedetti.
El poeta argentino Juan Gelman, quien fue distinguido con el Premio Cervantes 2007, señaló que el galardón, más allá de la circunstancia personal, “es como un reconocimiento a la poesía misma que no tienen las grandes editoriales, porque no es vendible, y también es un desconocimiento del valor de la poesía. Eso a mí me conmueve mucho”.
Gelman, quien se manifiesta emocionado por haber obtenido el premio, expresó que “los cinco o seis candidatos que mencionaron los periódicos son escritores, no sólo amigos míos, sino poetas de primera fila, como Nicanor Parra, (Mario) Benedetti; también (José Emilio) Pacheco fue candidato al galardón.
“Realmente cuando vi a Juan Marsé y Juan Goytisolo entre los aspirantes, y a los que mencioné, como Blanca Varela, pensé: no, Juan, a vos no, pero resultó que sí”.








