DOS VIAJES
El verbo J. Claudia Hernández. Ediciones La Pollera. Santiago, 2019. 182
págs.
Praderas amarillas. Lilian Elphick. Simplemente editores. Santiago,
2019. 125 págs.
Por Camilo Marks
Claudia Hernández es salvadoreña y una editorial chilena ha tenido la feliz
idea de publicar El verbo J, su séptimo título. Viviendo donde ella
vive, no podemos esperar que Hernández salga con cuentos de hadas similares a
los de Perrault o a los de los hermanos Grimm. De modo que, fiel a la tradición
de violencia que reina en Centroamérica, El verbo J nos cuenta una historia
que tal vez supere en brutalidad a las que editan sus coetáneos. Sin embargo,
este notable libro presenta una gran diferencia con otros de la misma
procedencia: se trata de un salvajismo interno y aunque hay alusiones a la
guerrilla o la crisis que sacude a su patria, estamos ante hechos que parecen
ajenos a ese acontecer, pues transcurren en la mente del protagonista y los
demás personajes de la novela. Ninguno tiene nombre y los iremos conociendo por
sus obras o por los escasos diálogos de El verbo J.
Hernández
narra, con lujo de detalles, el vía crucis de un homosexual que es rechazado
por sus padres, por sus vecinos, por sus compañeros de colegio, en fin, por
todo el mundo: lo golpean, lo apalean, le hacen la vida imposible. Seguimos la
carrera del chico desde que es un niño, hasta el final, cuando tras una serie
de aventuras, a veces divertidas, otras terribles, le diagnostican sida. Para
ese entonces, ya vive en Estados Unidos, donde ha llegado tras un periplo
colmado de incidentes y de personas de la más variada clase: convivencias con
sectas evangélicas, trabajos esporádicos, amores, rupturas, fracasos y
triunfos. Quedarse en su casa es impensable y El verbo J logra otorgar
un grado de originalidad a un tema tan trillado.
Leer a Lilian
Elphick después de lo anterior, resulta un respiro y una grata experiencia. Praderas
amarillas contiene catorce piezas, en las que Elphick revela el dominio de
su oficio, el aplomo del estilo y el lirismo que es característico de su
escritura. El relato que da título a la colección es el más extenso y por
momentos roza el poema en prosa. Una encendida relación amorosa entre un hombre
y una mujer, en un medio sofisticado, con una fina explicitación del lenguaje
erótico, da paso a una dimensión épica, traducida en los sueños de la amante:
ellos nos transportan, sin solución de continuidad, a unos trece mil años atrás
y la loba que es heroína de estas epopeyas oníricas, no es otra que la elegante
dama que retoza con un embajador.
"Los
ojos del hombre" continúa en la vena mitológica del texto previo, aunque
ahora el ambiente es urbano, pequeñoburgués y hasta cierto punto sórdido. Alex,
casado con Rosi y padre de Vicente, tiene amores adúlteros con Fá, quien
termina siendo una bruja hecha y derecha. Por supuesto que el matrimonio se va
a las pailas, ya que, al descubrir el engaño de su marido, Rosi rompe con él.
Como no se puede decir todo lo que pasa, solo añadiremos que Fá sale de escena,
Alex expresa sus cuitas a Marcos, luego vuelve con Rosi y poco a poco se
transforma en un escritor famoso. No obstante, el desenlace es sorpresivo por
la intervención de factores extrasensoriales, a los que Elphick les sabe sacar
tan buen partido. El personaje principal de "Detrás de los ojos" es
Sibila, de quien sabemos poco, salvo retazos tales como "Estatuada quedó
Sibila, la maestra avergonzada de su nombre. La blusa abierta fue una flor de
sangre" o, finalmente: "Acurrucado en su hombro, los ojos quebrados
de miedo, el niño balbucea: Sibila ya no está". En esta oportunidad, el
tono es quedo, sin sobresaltos, aun cuando, en una crónica breve como esta,
Elphick se las arregla, quizá debido a su trayectoria narrativa, para dar un
golpe de efecto tras otro. "Que nadie duerma" retoma tópicos ya
abordados, si bien en esta ocasión lo hace en sordina, en tesitura menor y
mediante una composición muy compacta.
Posiblemente
el episodio más escalofriante de esta compilación sea "La cena".
Nuevamente tenemos a una pareja extramatrimonial, compuesta por Marjorie y
Ricardo Andrés, en la que la comida juega un rol clave. Ella quiere ser flaca y
a él le gustan gordas. De manera que Marjorie abandona la dieta vegetariana y
se convierte en beldad rubensiana, sin sospechar lo que le aguarda. "El
olor del placer" aborda con tacto un tabú: la pedofilia. Y lo hace en un
registro idiomático que es el habla del hampa.
Podría
sostenerse que los dos volúmenes que hemos reseñado tienen poco en común y a
primera vista así lo es. Con todo, hay un componente que une a ambas autoras:
el viaje. En el primer caso, hay una peripecia territorial y en el segundo una
psicológica. Como sea, estos dos tomos merecen divulgación.
*
Publicado en Revista de Libros
de El Mercurio. 19 de Enero de 2020.
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