Tres poemas de César Vallejo
Releo estos poemas de Vallejo y me detengo.
No hay palabra que pueda definir el antes.
Se me incrustan los huesos de Vallejo
En cada verso que mis ojos deletrean.
Leo, muero
Un poco.
Sólo un pequeño olvido
Para alcanzar a decir:
“Me voy, pero me quedo”.
PIEDRA NEGRA SOBRE UNA PIEDRA BLANCA
Me moriré en París con aguacero,
un día del cual tengo ya el recuerdo.
Me moriré en París -y no me corro-
tal vez un jueves, como es hoy, de otoño.
Jueves será, porque hoy, jueves, que proso
estos versos, los húmeros me he puesto
a la mala y, jamás como hoy, me he vuelto,
con todo mi camino, a verme solo.
César Vallejo ha muerto, le pegaban
todos sin que él les haga nada;
le daban duro con un palo y duro
también con una soga; son testigos
los días jueves y los huesos húmeros,
la soledad, la lluvia, los caminos...
EPÍSTOLA A LOS TRANSEÚNTES
Reanudo mi día de conejo
mi noche de elefante en
descanso.
Y, entre mí, digo:
ésta es mi inmensidad en bruto, a cántaros
éste es mi grato peso,
que me buscará abajo para
pájaro
éste es mi brazo
que por su cuenta rehusó ser ala,
éstas son mis sagradas escrituras,
éstos mis alarmados campeones.
Lúgubre isla me alumbrará continental,
mientras el capitolio se apoye en mi íntimo derrumbe
y la asamblea en lanzas clausure mi desfile.
Pero cuando yo muera
de vida y no de tiempo,
cuando lleguen a dos mis dos maletas,
éste ha de ser mi estómago en que cupo mi
lámpara en pedazos,
ésta aquella cabeza que expió los tormentos del
círculo en mis pasos,
éstos esos gusanos que el corazón contó por
unidades,
éste ha de ser mi cuerpo solidario
por el que vela el alma individual;
éste ha de ser mi ombligo en que maté mis piojos natos,
ésta mi cosa cosa, mi cosa tremebunda.
En tanto, convulsiva, ásperamente
convalece mi freno,
sufriendo como sufro del lenguaje directo del
león;
y, puesto que he existido entre dos potestades de ladrillo,
convalezco yo mismo, sonriendo de mis labios.
LOS HERALDOS NEGROS
Hay golpes en la vida, tan fuertes... ¡Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma... ¡Yo no sé!
Son pocos; pero son... Abren zanjas obscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán tal vez los potros de bárbaros atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.
Son las caídas hondas de los Cristos del alma,
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.
Y el hombre... ¡Pobre... pobre! Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como charco de culpa, en la mirada.
Hay golpes en la vida, tan fuertes... ¡Yo no sé!
César Vallejo nació en Santiago de Chuco, Perú, en 1892. En 1918 publica su primer libro de poemas: Los heraldos negros. En 1920 es acusado injustamente y encarcelado durante 112 días. En 1922 publica Trilce; un año después, publica algunas prosas y viaja a París.
En 1928 viaja a la Unión Soviética y a su regreso a París rompe con el APRA. En 1929 regresa a la Unión Soviética y un año después viaja a España. Regresa a París pero es expulsado por razones políticas; se traslada entonces a España de nuevo. En 1931 publica su novela Tugsteno. Viaja de nuevo a la Unión Soviética y se inscribe en el Partido Comunista de España. En 1932 regresa a París y vive en la ilegalidad. En 1937 asiste al Congreso de Escritores Antifascistas en Madrid.
Murió en Paris, "un día del cual tenía ya el recuerdo", en 1938. En 1939 se editan, de manera póstuma, los Poemas humanos.
Su obra poética es única, por su forma y por su fondo; expresa un dolor humano y solitario, alimentado con su solidaridad con los dolores que agobian a los oprimidos de todo el mundo; y cuanto más se la estudia, más se advierte en ella la grandeza de una creación auténtica. Muchas veces reeditada, compilada, divulgada en antologías y traducida, consta en los poemarios siguientes:
Los heraldos negros (1918)
Trilce (1922)
Poemas humanos (1939)
España, aparta de mi este cáliz (1940).
Éstos han sido excepcionalmente reunidos por Francisco Moncloa en una Obra Poética Completa (1968) que reproduce en facsímil los originales manuscritos en los cuales se hallan los poemas de los dos últimos. Además publicó novelas y cuentos: Escalas melografiadas (1923), Fabla Salvaje (1923) y El Tungsteno (1931). Aparte de haber reunido los originales de una obra de teatro que tituló Mampar o La Cerbera, dejó inéditos cuatro dramas, que han sido prolijamente editados por Enrique Ballón Aguirre (2 volúmenes, 1979) a saber: Lock out, Entre las dos orillas corre el río, Colacho hermanos o Presidentes de América y La piedra cansada. Alcanzó a publicar un libro de crónicas, titulado Rusia 1931 (1931, 1959 y 1965); y preparó para las prensas Rusia ante el segundo plan quinquenal (ed. en 1965). Y además dejó una novela de evocación histórica: Hacia el reino de los Sciris, y tres libros de ensayo.

