El Latino, ahora y siempre

Mis dos hijas, Nat y Pau, estudiaron toda su enseñanza en el Colegio Latinoamericano de Integración. En el frontis de la casona, que fue demolida para hacer un edificio de departamentos, la DINA secuestró a José Manuel Parada, Manuel Guerrero y Santiago Nattino, para asesinarlos después de la forma más horrenda. Año 1985. La Pau y sus compañeros estaban en la sala de clases cuando sucedió esto. Herido de bala, sobrevivió el Tío Leo, Leopoldo Muñoz, profesor de básica, amado y respetado por generaciones de alumnos y padres. Él continúa enseñando en el Latino Cordillera, al cual asiste mi nieta.

Tengo múltiples recuerdos del colegio: los paseos a El Manzano, sector ubicado en el Cajón del Maipo, el Día de las Américas, las actividades de “los naranjos”. Éramos unidos, teníamos fuerza, empuje. Celebrábamos con los chicos y chicas. Nos ayudábamos los unos a los otros.

Cuando se incendió mi casa el año 2000, el colegio becó a Nat por lo que restaba del año y uno de sus compañeros organizó una tocata para juntar dinero. Qué loable. Me emociono cuando recuerdo la tarde en que Nat llegó con un sobre que guardaba la plata reunida. Para nosotros y nuestra reconstrucción, cuando yo apilaba cajas y cajas de libros dañados, quemados, mojados, sin atreverme a botarlos. Libros, ropa, enseres derretidos por el fuego.

Solidaridad. Esa es la palabra. Porque el Latino siempre fue un colegio solidario. Estoy agradecida de que las chicas hayan estudiado ahí. Ahora son dos mujeres íntegras, que respetan la vida y al prójimo.

Que la paloma del Latino siempre tenga alas de libertad y esperanza.

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