Dánae
Tengo una cita. Miro por la ventana, esperándolo. No quiso decirme su nombre verdadero. Llámame Zeus, escribió. Y Zeus tarda en llegar. Un momento. Ahí está de espaldas, frente a un árbol. ¿Qué hace? ¡Dioses del Olimpo! Me escondo, ruborizada. Lo mejor es que no me encuentre. Huyo por la puerta trasera y salgo corriendo al patio. Resbalo. Caigo sentada arriba de la poza fétida que él ha dejado. Viene hacia mí. Klimt, para servirla. Sonríe con el pincel en la mano, y comienza a pintar una lluvia dorada..
.

