Escenas de la vida postmoderna
Agonizante de nostalgia y tan tremendamente solo, el fantasma decide matarse. Va a la cocina, constata filos y largos. El de acero portugués parece ser el mejor. Se mira en él y ve el trágico hecho: un hombre con siete puñaladas en la espalda, tirado en el suelo, respirando apenas, y a la bella mujer de pelo negro, cuchillo en mano, diciéndole: lo hice por amor.
Por amor, entonces, el fantasma se perdona la vida.

