Pelo
(…los ojos, pero también la incertidumbre…
La nota pende de un hilo que se romperá luego, muy luego: mi pelo en la escritura de la tijera. Rapunzel, encantada; soy la dueña de un balcón de inútil filigrana. Me aúllan chascona, desgreñada, enmarañada, y viento sin historia, mientras prefiero el silencio a la espera; y el pelo se rebela en nudos y enredos, devora peinetas y horquillas para evitar la fenomenología del orden, esa tensión de cola de caballo en los colegios de señoritas, la trenza apretada para que no se escapen los malos pensamientos y los deseos de falda tableada, escocesa, so cute.
Frígidos damos del jurado, luego, muy luego, vendrán los escupos. Si quieren algo mío, acérquense al mirador: Rapunzel ha juntado bastantes odios en su garganta. Tantos, que ella se desdobla. Sin pifias, por favor; luego, muy luego, vendrán las lágrimas. El príncipe calvo no llega, no se manifiesta en las entrañas blanquecinas de mis liendres, no resucita al tercer ni al cuarto día; pero no importa cuando el pelo ingresa a los laberintos de la palabreja y se escarmena en Georgia 12, espaciado 1 coma 5; no importa el palco imaginario. Aquí estoy y nada es veraz, quizás el largo, el color.
Soy Rapunzel: hundo mechas en la tinta y escribo)
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Foto: Juan Yanes.

