K en la risa
“El arte es un espejo que se adelanta, como
a veces los relojes” (Carta a Max Brod, julio de 1912)
Había
que reír, Gregorio, abrir la boca y pronunciar la carcajada. Tú sabes a lo que me
refiero; tú y la manzana incrustada en el caparazón recreado, manoseado, ultrajado
por mi mano escritora.
Había que reír mientras te dictaba las frases de tu propia vida, pequeño inútil. Miraba y escribía, miraba y escribía, mientras la risa se desgranaba sola en esos papeles del olvido, tan inmaculados, sin la sangre que nacía de mis pulmones y pulsaba por salir al mundo y salpicarlo.
Había que reír mientras mis hermanas tatuaban su juventud en el ghetto de Łódź y mi padre recordaba a sus ancestros carniceros en los mostradores de su negocio textil.


