Pronto: Confesiones de una chica de rojo
Lilian Elphick ocupa a ratos el sitio de la narradora; y a ratos largos, que se van transformando en una parcial eternidad, la piel de los lectores. ¿Y entonces? Entonces sus personajes balbucean, se alzan, se mofan, cuentan historias de inverosímil realismo que terminamos por creer a pie juntillas. Luego, ¿qué hace que Elphick metamorfosee hasta su nombre y apellido y se cubra las espaldas al amparo de frases que nos sacuden y nos obligan a mentir, a desconfiar, a quedarnos en silencio o a, sencillamente, desear no haber nacido o haber nacido de otro modo, con otra epidermis, con otro apodo, o probablemente, sin otro título que nuestra humanidad? Irónica, mordaz, lúdica, soñadora, vital, bullente, escalofriante a veces, inteligente siempre, sensitiva y perdurable, la narrativa de Lilian Elphick burbujea como espuma incandescente, abrasa como un líquido corrosivo que nos deja desnudos, abrazándonos en lo que resta de nuestros huesos; y desde allí, pálidos y ojerosos, desgañitándonos después de leerla, sentimos que estas confesiones enrojecidas equivalen a la sangre extraviada, y por el milagro de su lenguaje insurrecto, intentamos recuperar nuestra primigenia condición para ver al mundo que intuimos, ese mundo que aquí se alza como un naufrago aferrado a lo que queda de sus palabras esperando –todavía- por su salvación.
Confesiones de una chica de rojo
(Microrrelatos y cuentos brevísimos, Mosquito Comunicaciones, Santiago de
Chile, 2013). Beca de Creación del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes,
Santiago de Chile, febrero 2012). Dibujo de portada: Sergio Astorga.


