Quien me mate por segunda vez que use la soga del silencio
Ifigenia
He
encontrado refugio en el grácil silencio de la piedra.
Soy
una historia breve y una imagen dura, surcada de grietas.
La
traición me mató, no el filo de la espada.
Las
velas se desplegaron; la guerra ardió de fuegos fatuos.
Me
torturaron los labios de mi madre besando la venganza.
Grité
en los oídos del gran rey cuando me ofrecía a Artemisa.
Y
antes de nacer, ya era huérfana y ya elegía mi muerte.
Ya
escribía mi vida en la palma de la mano.
En
el pedregal estoy.
Ven,
siéntate a mi lado.
Jezabel
Me tragué a Baal. Miren mis vísceras. ¿Alcanzan a ver los rayos de
sol naciendo de mis fragmentos? ¿Los ciega, acaso, su luz sincera? ¿Dónde
escuché decir que la muerte vendría a someterme, que me ahogaría como una vaca
en el aluvión? Pero, aquí estoy. Soy la Gran Puta defenestrada. Cierra los ojos y será mañana, leí en el
pergamino de un navegante. Cierra los ojos, ahora que no hay ojos. Bendice a
esos perros, dios padre, cada una de sus dentelladas, porque saben lo que
hacen.
Más tarde será el mañana de una reina devota.
Corina
Non tibi crimen ero, nec quo
laetere remoto.
Ovidio
…Pero el amor pasa, se esfuma como el cigarrillo en la boca de un loco que no sabe de sonidos ni furias, sino de una mano que lo ahorca. Luego, si es que hay una secuencia en el lento proceder de las horas, viene el recuerdo, nunca verdadero: los ojos mienten cuando tratan de deleitarse con las antiguas caricias convertidas en palabras.
Discurre el amor como declina el cadáver de tu enemigo frente a la puerta del odio.
…Pero el amor pasa, se esfuma como el cigarrillo en la boca de un loco que no sabe de sonidos ni furias, sino de una mano que lo ahorca. Luego, si es que hay una secuencia en el lento proceder de las horas, viene el recuerdo, nunca verdadero: los ojos mienten cuando tratan de deleitarse con las antiguas caricias convertidas en palabras.
Discurre el amor como declina el cadáver de tu enemigo frente a la puerta del odio.
Y viene el vacío a la copa: el agua retrocede al océano; los labios buscan las brasas del deseo. Y pasa. El aguijón de la historia es el que escribe, entonces, de ese dolor que toda memoria evoca. ¿Y cuándo el cielo será más azul ahora que resume el misterio de los atardeceres? ¿Para qué buscar la exactitud del verbo en la arena del tiempo?
Pasa el espejo de las risas para la que aún ríe de los amores prodigados al mediodía.
Antígona
A Gabriela Hidalgo
Quien conozca mi
historia podrá llorar estas palabras. Quien me mate por segunda vez que use la
soga del silencio. Quien me ame que bese la espada ensangrentada.
Nací para espantar
a la muerte: los cuervos no comieron los ojos de mis ojos, el amor se mantuvo
firme en mi mano y arañó la tierra enferma de traiciones.
Mi libertad está
en boca de Sófocles, Brecht, Anouilh: soy Antígona resucitada y recreada.
Han escrito a una
mujer que no soy yo.
***
Estos textos pertenecen al
libro Bellas de sangre contraria, de
Lilian Elphick (2009).


