Temprano levantó la muerte el vuelo
José, Ignacio, Rubén, Juan, Bárbara, Dagoberto, Carolina Alejandra, Carolina de las Nieves, Juan Ernesto, Alfonso, Ana, James, Georges, Ignacio, Isaías, Enrique, Julio, José Fernando, Héctor, Víctor. Todos/as ellos/as viajaban a trabajar a Santiago. Venían de Llo-Lleo y San Antonio, ciudades tan queridas por mí. Y, en un segundo, la vida se les fue. El bus chocó frontalmente con un camión en el kilómetro 45 de la Autopista del Sol. Era temprano, la mañana se erguía en su primavera de asfalto y árboles; más allá los frutales, el maíz pequeño creciendo con rapidez, las lechugas y cebollas. Conozco esa carretera palmo a palmo.
El dolor no puede escribirse ni pensarse. El dolor existe como realidad de carne y hueso; ata, amordaza, oprime.
Un amigo venía en ese bus. Un hombre bueno, repleto de amabilidad y cariño: José Fernando Olmos. Su último viaje será la huella, el camino por donde nosotros iremos.
Mi pésame a los familiares de estos hombres y mujeres que tan temprano se unieron a la tierra, a los duraznos en flor, a esa humedad benéfica que hace brotar el alimento en la zona central de Chile.

