El crujido de la seda



-Entonces, ¿qué arma prefiere?
-  Navaja.
- ¿Dónde?
- Aquí.
- Ahí sale más caro.
- No importa. ¿El cheque se lo hago cruzado o abierto?

El hombre rió.

-Sólo efectivo. Mire, allí hay un dispensador de dinero. La espero. No tengo apuro.

La mujer puso el fajo de billetes en el bolsillo de la chaqueta del hombre. Él la llevó a un callejón sin salida para proceder con el encargo. Ella se sacó el pañuelo de la cabeza. Estaba totalmente calva. El hombre sintió lástima y fue rápido. Recogió el pañuelo haciéndolo crujir; luego, lo puso en la cara de la mujer y caminó hasta el terminal de buses. Antes, le regaló sus guantes a un pordiosero. 

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